
Lo que escribo a continuación podría parecer un relato de ficción, pero no lo es, me sucedió ayer por la tarde en el Museo del Prado. La pinacoteca se encargó de añadirle la dosis de surrealismo que le faltaba a la exposición temporal de Sorolla. Sucedió más o menos como sigue:
ESCENA 1: PRINCIPIOS DE AGOSTO
- Buenos días, Museo del Prado, le atiende *****, ¿en qué puedo ayudarle?
- Buenas, llamaba porque estoy interesada en la exposición de Sorolla. Sé que en el Museo proyectan la película de su biografía, y me gustaría verla antes de visitar la exposición. Antes de comprar las entradas, quería asegurarme de que puedo entrar al Museo a ver la película a pesar de que mi entrada para la exposición sea para dos horas después de la proyección.
- Le informo de que la película
"Cartas de Sorolla" se proyecta sólo dos días a la semana, los sábados por la mañana y los domingos por la tarde.
- Ya lo sé, lo he visto en la web. También he visto que de aquí a septiembre ya se han agotado todas las entradas para los sábados, así que sólo puedo ir en domingo.
- Los domingos la película se proyecta en el Auditorio a las 17 horas.
- Exacto. La película empieza a las cinco y dura dos horas, así que si comprara las entradas para la exposición de las 19 h, en teoría debería darme tiempo a ver la película antes de entrar en la exposición. Lo que quería preguntarle es si me van a dejar entrar al museo a ver la película a las cinco a pesar de que mis entradas sean para las siete.
- Puede usted comprar las entradas para el domingo a mediodía, ver la exposición tranquilamente, y luego a las 17 h pasar a ver la proyección de la película.
- Claro, pero es que verá usted, yo de la vida de Sorolla no sé nada, y me gustaría ponerme en contexto viendo la película
antes de entrar a ver la exposición, y así después, para cuando vea los cuadros, ya me conoceré la historia y sabré qué es lo que estoy viendo.
- Ah, ya... Bueno, es que como lo que nos pregunta usted es una petición un poco especial, voy a tener que consultarlo para saber cómo se puede hacer, le ruego que se mantenga a la espera...
Vaya por Dios, toda mi vida intentando hacer algo de extraordinario, y sólo tenía que llamar y hacer una pregunta como esta.-¿Señora? Le informo de que puede usted ver la película antes de entrar a la exposición, para lo cual puede usted comprar las entradas a través de Internet para el domingo 30 de agosto a las 19 h, imprimirlas, y cuando vaya usted el domingo, media hora antes de que empiece la película, se dirige usted a las taquillas del museo, les enseña sus entradas impresas, y pide usted permiso para entrar con adelanto para ver la película.
A la operadora se le olvida indicarme que el tiempo estimado para realizar la visita es de un mínimo de hora y media, que los domingos el museo cierra a las 20 h, y que si compro las entradas para las 19 h no me va a dar tiempo a ver toda la exposición.
ESCENA 2: DOMINGO 30 DE AGOSTO, TAQUILLAS
- Buenas tardes, verá, tengo aquí mis entradas para la exposición de Sorolla para las siete, pero quería entrar a ver la película a las cinco...
- A ver, traiga aquí las entradas.
- No, no, espere, es que mi caso es un poco raro, por teléfono me dijeron que si compraba las entradas para las siete, tendría que pedir un permiso especial para que ustedes me dejaran entrar al museo a ver la película a las cinco.
- Es que yo lo de las operadoras no lo entiendo, les encanta hacer las cosas mucho más complicadas de lo que son. Qué permiso especial ni qué historias. Mire aquí el ticket. La entrada al museo es libre desde las 9 de la mañana, y el auditorio está dentro del museo, así que usted puede entrar cuando quiera. Luego, a las siete, se dirige usted a la sala de la exposición de Sorolla. Pero le advierto de que tendrán que verla rapidito, porque a las ocho se cierra el Museo.
¿Cómoooo? Mi pareja y yo nos miramos.
Al final de la visita habrá que poner una reclamación.ESCENA 3: SALA D, FINAL DE LA VISITA
- Señores, son las ocho menos cinco, deben ustedes abandonar la sala, vamos a cerrar.
- Sí, lo sabemos, no se preocupe, nos quedan tres cuadros, enseguida nos vamos.
- Tienen que irse, el museo cierra ahora.
- Sí, lo hemos entendido, sólo nos faltan estos dos cuadros, por favor.
- Es que si ustedes no salen primero los demás visitantes de la sala tampoco van a querer irse porque no verán a nadie salir de la sala.
¿Así que nosotros debemos dar ejemplo a los demás?- Sólo un segundo...
- Márchense.
Bajamos la escaleras automáticas. Un vigilante se ha apostado al principio de la escalera de subida para impedir que los visitantes accedan a la segunda parte de la exposición. Le rodea una muchedumbre con cara de asombro. Una pareja de ancianos, empuñando sus audioguías, no dan crédito:
- ¿Por qué no nos deja subir?
- Son las ocho, el Museo cierra ahora, deben marcharse.
- Pero nadie nos había dicho que cerraba a las ocho. Sólo hemos visto la mitad de la exposición.
- El museo está cerrado, no pueden subir.
- Pero si no nos iba a dar tiempo a ver la exposición entera, ¿por qué venden entradas para las siete? ¿Por qué no venden las últimas para las seis de la tarde, o nos avisan antes de comprar las entradas? ¿Por qué no nos han avisado al alquilar las audioguías?
- Reclamen ustedes si quieren, pero no les puedo dejar subir.
- ¡Pues claro que vamos a reclamar!
ESCENA 4: MOSTRADOR DE RECLAMACIONES
- Por favor, ¿podría darme una hoja de reclamaciones?
- Por supuesto, en cuanto acaben de reclamar estos señores.
Mientras esperamos se ponen a la cola otras ocho personas con intención de reclamar. Relleno mi hoja, la firmo y la señora del mostrador me la sella. Mientras mi pareja hace lo propio, la señora nos advierte:
- Ahora tendrán ustedes que esperar a que los demás rellenen sus reclamaciones antes de poder salir.
- ¿Por qué?
- Porque el Museo ha cerrado, el personal ya se va a sus casas, los jefes de sala están revisando el museo y por normativa ustedes no pueden andar por el museo solos, alguien del personal debe escoltarles hasta la puerta.
- ¿Y no puede llamar a alguien para que nos acompañe?
- No, lo siento, no hay nadie, deben ustedes esperar a que todos los demás acaben de reclamar y entonces les acompaño a la puerta.
- Verá usted, es que no tengo intención de robar nada.
- Es normativa del Museo.
- Lo sé, si no la culpo, pero es una norma absurda y no pueden retenerme aquí contra mi voluntad si ya he terminado de hacer mi reclamación y quiero irme a mi casa.
- No puedo hacer nada.
- Entonces páseme otra vez el libro, que quiero poner otra reclamación.
Ponemos en total cuatro reclamaciones entre mi chico y yo, y mientras tanto la señora sigue ignorando las quejas de todo el grupo.
- Usted se ha puesto a reclamar más tarde de las ocho, el museo ha cerrado, y no hay personal disponible para acompañarla a la entrada, así que tiene usted que esperar.
- Mire usted, no es culpa mía que tenga que reclamar y ustedes no hayan previsto esta situación.
- Usted está aquí reclamando porque quiere, nadie la ha obligado.
Recórcholis, acaban de descubrir mi pequeño vicio secreto: reclamar porque sí.Tercia en la conversación mi pareja:
- No señora, estamos reclamando porque es nuestro derecho.
Ni por esas. Pasan por nuestro lado algunos miembros del personal del Museo que ya se han quitado el uniforme y se van para casa. La señora del mostrador no les pide que de camino nos lleven a la puerta. Llama por teléfono a alguien y unos minutos después aparecen dos compañeros con el uniforme del Museo que cuchichean con ella, pero ninguno mueve un dedo.
Una madre de dos niños, que acaba de rellenar su reclamación, le espeta:
- Ya he terminado, no me va a hacer usted quedarme aquí con dos niños pequeños, ¿no?
- No pueden salir hasta que no acaben los demás.
- Esto es indignante, ¡es un secuestro! ¡Es como para llamar a la Policía!
- Pues llámeles usted si quiere.
Así que llamamos al 091, ella con su móvil, y yo con el mío. Ella tiene mala suerte y le remiten a un número de la Policía del Museo. A mí me hacen más caso:
- Policía.
- Buenas tardes, llamaba para hacerles una consulta. Estoy en el Museo del Prado, acabo de poner una reclamación por razones que no vienen a cuento, y ahora me dicen que no me dejan salir del edificio hasta que todas las personas que van detrás de mí en la cola acaben de poner sus reclamaciones. Hay mucha cola y me quiero ir a casa ya. Quería preguntarles si el Museo tiene derecho a impedirnos salir.
- ¿Cómo? ¿Pero qué razón le han dado?
- Dicen que por normativa del Museo, después de la hora de cierre los visitantes no pueden andar solos por el Museo, y que ahora mismo no hay ningún miembro del personal disponible para acompañarnos a la salida.
- ¿Y quién les va a acompañar cuando acaben todos de poner sus reclamaciones?
- Pues supongo que la señora del mostrador de reclamaciones.
- Hombre, no sé, si lo dice la normativa del Museo...
- Pero es que yo ya he terminado de reclamar, me quiero ir a mi casa, estoy en mi perfecto derecho de hacerlo, y me retienen aquí dentro en contra de mi voluntad. Yo a esto lo llamo secuestro.
- No, hombre, no, secuestro no, no será para tanto, pero sí que es un poco de locos lo que me cuenta, le voy a enviar un coche para allá para que nuestros oficiales aclaren esto.
Les digo a los otros:
- Van a mandarme un coche patrulla.
- ¿Me dice usted que está en el Museo del Prado? ¿En qué dirección está eso?
¿Pero es que no queda claro con el nombre?- En el Paseo del Prado, no sé qué número. Estamos junto a la entrada del museo de la Puerta de los Jerónimos.
- Es que en el ordenador me salen dos distritos, Centro y Retiro, no sé dónde mandarle el coche.
Madre mía, para una emergencia estamos. Espero que nunca me ataquen en esta zona.Mientras decido si la señora del mostrador aceptaría decirme cuál es la dirección del Museo, aparece corriendo un guardia jurado que nos invita a acompañarle a la salida. Se lo digo al policía al teléfono y me dice que si ya he puesto la reclamación entonces no parece necesario enviar el coche patrulla. Nos despedimos y sigo al guardia jurado a la puerta. Allí veo a unos diez guardias jurado que
han estado allí todo el tiempo. ¿No se podía haber avisado a estos guardias para que nos escoltaran hasta la puerta?
Mi conclusión es la de siempre: este es un país de pandereta. Así fomentamos el turismo cultural en España. Me tiro semanas preparando esta visita, y a cambio me llevo:
- Un dolor de cabeza para encontrar una fecha disponible en que aún queden entradas
- Una teleoperadora que no tiene ni idea
- Una estafa porque mi entrada vale lo mismo que las demás pero a mí me dejan menos tiempo para ver la exposición
- Y no me avisan de ello
- Una exposición abarrotada de gente donde cuesta trabajo ver las obras (¿Pero el aforo no era limitado? ¿Para qué he sufrido yo entonces con los cupos de la venta online de entradas?)
- Unas prisas por echarme de la exposición que rayan en la grosería
- La tienda del museo, cerrada para cuando salgo (Esta tienda no se puede visitar si no se compra entrada antes. Así que puedo volver otro día, pero pagando otra entrada)
- Un tratamiento nada cooperativo por parte de la empleada del mostrador de reclamaciones
- ¡Y una retención contra mi voluntad!
Y todo esto, pagando por la entrada. Si llego a ir de gratis, lo mismo me hacen barrer el museo después de cerrar. Aviso a navegantes.
La fotografía de la cabecera de este artículo es cortesía de procsilas.